¡Que Afán!

 Empiezan sus labores diarias y con ellas empieza el afán. 

Se levanta de la cama con afán de tomar una ducha, desayunar, lavarse los dientes y salir, si es que lo tiene que hacer. Va con calma en el sistema de transporte público, pero al parecer el afán de las 5 de la mañana se fue en su maletín, en su abrigo y en sus zapatillas. Llega al trabajo donde, tras un breve saludo, se siente hostigado por tantas responsabilidades. <Hay muchos documentos por entregar, muchos informes por hacer y poco tiempo para entregarlos> Bienvenido señor afán. 

¡Ojalá sólo fuera en el trabajo!

Cree que lo puede hacer todo en un dos por tres. Como creció en una sociedad de mensajes inmediatos, de turnos virtuales, videollamadas instantáneas, besos no muy trabajados, permisos fácilmente otorgados y etapas rápidamente quemadas, se le hace casi imperceptible, aunque algo incómodo, la rapidez con la que intenta manejar su vida. 

- ¿Por qué no haces una pausa? 

- ¿De qué?

- Sé que es difícil, pero dime tú.


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¡Otro día tranquilo y caluroso a la lista! 

Sin embargo, este tuvo una particularidad. Me detuve a pensar en el afán que nuestra generación (las personas que conocieron la tecnología a temprana edad) lleva montada en sus hombros y en el cual los humanos, a pesar de tener criterio propio, estamos sumergidos.

Les dejo una pregunta,

¿Y ustedes de qué quisieran hacer una pausa?

Me gustaría leerlos.


Desde un escritorio frío, con afán y cariño,

Alejandro

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